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  • Editorial Or LeIsrael

Parasha Beshalaj 5782

DEDICADO EN NOMBRE DE LA FAMILIA KUPERSTEIN.

PARA SU ÉXITO, SALUD Y PROSPERIDAD EN TODO LO ESPIRITUAL Y MATERIAL.

Sr. EDUARDO, Sra. JANNETTE, ANDREA Y DANIELA KUPERSTEIN.


El Pueblo de Israel salió de Egipto en dirección a la tierra de Canaán, que es la Tierra de Israel. En vez de pasar por la tierra de los filisteos, (un trayecto de tan solo tres días), Hashem los llevó por el desierto, para que no quisieran regresar a la tierra de Egipto por miedo a la guerra con los filisteos. Moshé tomó el ataúd de Yosef, quien había hecho jurar al Pueblo de Israel que lo llevarían con ellos cuando salieran de Egipto.


Antes de que el pueblo de Israel saliera de Egipto, todos estaban ocupados recolectando plata y oro, pero Moshé fue a buscar el ataúd de Yosef, que estaba en el fondo del río Nilo. Sobre este episodio dijeron nuestros Sabios que del versículo que dice “un sabio toma las Mitzvot” (Mishlé 10:8) aprendemos que una persona sabia es aquella que sabe que en lo que más vale la pena invertir en este mundo es en el cumplimiento de las Mitzvot.


Para guiar al Pueblo de Israel por el camino, Hashem puso delante de ellos una columna de nube. Y para alumbrarlos durante la noche, puso una columna de fuego que iba detrás de ellos.

Los egipcios se arrepintieron de haber dejado salir al Pueblo de Israel y decidieron salir detrás de ellos. El Pueblo de Israel acampó cerca del Mar Rojo, y no tenían forma de escapar. Por un lado estaba el mar y por el otro los egipcios. Parecía que todo estaba perdido. Pero fue entonces cuando Hashem ordenó a Moshé levantar su vara sobre el mar, y un viento del este comenzó a soplar durante toda la noche, hasta que las aguas quedaron divididas en doce senderos.

Mientras tanto, la columna de nube estaba entre el campamento de los egipcios y el de Israel, y no permitía que los egipcios se pudieran acercar. Cuando los egipcios lanzaban flechas, la nube se las devolvía.

Cuando el mar se partió, los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, cada tribu por un sendero diferente (no sólo el mar se partió, sino que todas las aguas del mundo se partieron, para que todos se enteraran del milagro de la partición del mar).

Los egipcios continuaron persiguiendo al Pueblo de Israel y se metieron al mar, pero la columna de nube convirtió el piso en un denso fango, y la columna de fuego lo calentó tanto que no podían continuar.


Cabe preguntar: ¿Cómo se atrevieron los egipcios a entrar al mar? Si ya sabían que Hashem hacía milagros con el Pueblo de Israel, ¿qué no tenían miedo de ahogarse? De esto podemos aprender que una persona que está en la persecución a raiz de su enojo, simplemente deja de pensar de manera lógica sin poder ver la verdadera realidad.


Cuando el Pueblo de Israel salió del otro lado del mar, por fin los egipcios se dieron cuenta de que en realidad estaban luchando contra Hashem y no contra Israel; intentaron volver hacia atrás, pero ya era demasiado tarde. Moshé inclinó su mano sobre el mar y éste regresó a su estado original mientras los egipcios se ahogaban en su interior.


Cuando el Pueblo de Israel vio el gran milagro que hizo Hashem, se fortaleció su fe en Hashem y en Moshé. Ellos le agradecieron a Hashem entonando “el cántico del mar”, en el cual describieron la partición del mar, la salvación del pueblo de Israel, el hundimiento de los egipcios y la futura entrada a la Tierra de Israel. También las mujeres cantaron aparte un cántico propio, acompañándose con panderetas y bailes.


Estas mujeres fueron precavidas de no cantar y bailar delante de los hombres, sino que bailaron aparte, y sobre estas mujeres recatadas dijeron nuestros Sabios: “por su mérito el Pueblo de Israel fue redimido de Egipto”. Si no hubiera sido por su recato no estaríamos aquí el día de hoy.


El pueblo de Israel continuó su trayecto por el desierto de Sin; ya se habían terminado las provisiones que sacaron de Egipto y comenzaron a sentir hambre y a quejarse.

Hashem escuchó sus quejas y les dio de comer: en la noche les mandó codornices (un tipo de pollo muy gordo) y en la mañana les cayó pan del cielo nunca antes visto, y ellos se preguntaron “¿qué es esto?” (en hebreo “¿man hu?”), y, por lo tanto, se llamó man (o maná).

El “man” comenzó a caer el domingo 16 de Iyar del año 2448 a partir de la creación del mundo.

Hashem les ordenó que recogieran el “man” todos los días; una medida de un omer(cantidad suficiente para un día) para cada individuo y que no dejaran sobras para el día siguiente. El viernes debían de recoger doble porción, es decir, un omer para el viernes y otro para Shabat, ya que en Shabat no iba a caer el “man” (en recuerdo de esto nuestros Sabios instituyeron que se debe bendecir por dos panes en Shabat, ya que los viernes caía doble porción de “man” en honor al Shabat).


Hashem quería reforzar la fe del Pueblo de Israel de que Él creó el mundo en seis días y el séptimo día cesó la labor de la creación, y, por lo tanto, en Shabat no caía “man” como el resto de la semana, sino que había que recolectar todo desde el viernes. Vale la pena reflexionar al respecto cuando hagamos los preparativos para Shabat, que nos estamos comportando como los recolectores de “man” en el desierto, que se fortalecían y publicaban la fe de que Hashem creó el mundo y el séptimo día cesó.

Ese también es el propósito del Kidush de Shabat, anunciar en voz alta nuestra fe de que Hashem creó al mundo en seis días y el séptimo cesó de hacer toda labor.


El Pueblo de Israel comió “man” durante los cuarenta años que estuvieron en el desierto, hasta que entraron a la tierra de Israel.

Cuando llegaron a un lugar llamado Refidim, el pueblo de Amalek (descendiente de Elifaz y nieto de Esav) llegó para luchar en contra del Pueblo de Israel, pero Israel los venció.

Amalek llegó a luchar contra Israel justo en ese momento para enfriar la fe en Hashem del corazón de todas las naciones del mundo, y, por lo tanto, Hashem nos ordenó que debemos borrar el nombre de Amalek del mundo.

-¿Cómo venció el Pueblo de Israel a Amalek?-

Durante la guerra contra Amalek Moshé estaba sentado en la parte superior de una colina, y cuando levantaba sus manos Israel se fortalecía pero cuando las bajaba Amalek se fortalecía. La victoria en realidad no dependía de las manos de Moshé, sino de la fe que tenía Israel en Hashem de que los iba a salvar. Moshé levantaba sus manos para despertar a Israel y para que confiaran y le rezaran a Hashem, y, por ende,vencerían. Pero cuando Moshé bajaba las manos, Israel se olvidaba por la confusión de la guerra, y Amalek se fortalecía.

Es conveniente recordar que la fuerza está en las manos de Hashem y no en las nuestras.


“SHABAT SHALOM”




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